jueves, 1 de julio de 2010

“La última estación” (película)

Maltratando a Tolstoi


“La última estación” (película)

Por Santiago García


El pasado, la herencia, el amor y las miserias, se entrelazan, confluyen y tensan una historia que en esta nota intentamos desentrañar.

Director y guionista: Michael Hoffman.
Reparto: Christopher Plummer, Helen Mirren, James Mc Avoy, Anne-Marie Duff, Patrick Kennedy.
Duración: 112 minutos.
País: Alemania, Inglaterra, Rusia.
León (Lev Nikolaievich) Tolstoi ha sido un escritor tan original, que hasta sus últimos días son dignos de una historia salida de su inigualable pluma. La biografía dice que escapando de su mujer, la condesa Sofía, falleció en la estación ferroviaria de Astápovo hasta donde se acercó una multitud para llorarlo. Las diferencias con la que fue su amor durante 50 años, se dieron porque el brillante autor de “Anna Kannerina”, “Guerra y Paz”, “Los Cosacos” y “La muerte de Ivan Ilich”, entre otros clásicos, decidió dejar sus bienes y los derechos de sus obras a los pobres (“al pueblo ruso”, según su voluntad), cosa que disgustó y mucho a un sector de su familia que no quería abandonar la comodidad de la vida en la nobleza.
De estos últimos, tumultuosos días en la vida del genio, trata la película que nos ocupa en esta crítica. Ante todo, se nos plantea una pelea entre un estrecho colaborador de Tolstoi (Cherkov) y la condesa Sofía por las características del testamento. El primero impulsaba una religión Tolstoiana, que sin temor a equivocarse se puede plantear como un antecedente del socialismo, digno de los utópicos del siglo XIX. De hecho, las proclamas del notable escritor por la no violencia activa, han inspirado a pacifistas y humanistas de la talla de Martin Luther King o el propio Mahatma Gandhi. Por su parte, Sofía estaba preocupada por no perder el status que “tanto le había costado alcanzar”. En torno a esta pelea, el director toma partido por la Condesa Sofía, pero con una notable sutileza. Cuando la discusión por el testamento empieza a subir de tono, Cherkov aparece como ligeramanete ambicioso, sugiriendo al espectador que hay otros intereses que no son tan nobles como entregar los derechos de autor al pueblo. En ese sentido, lo más grave es que el propio Tolstoi es presentado por momentos como un incoherente, que no es fiel a sus propias proclamas. Del otro lado, Sofía es un personaje que sufre, y se la ve aislada, traicionada por algunos de sus hijos, invitando al espectador a tomar partido por ella. La única ambición que resalta en ella el director, es el idílico amor que siente por Tolstoi, por el cual es capaz de hacer locuras dignas de los más recordados dramas.
En términos técnicos, el drama está bien representado, aunque por momentos la trama abandona el rumbo previsto y se sumerge en un terreno entre cómico y ridículo. Sin embargo, volviendo a los artilugios que emplea la película, no se trata de detalles menores. Es importante tener en cuenta que la película está ambientada en el año 1828, una época en la cual se intentaba sepultar la monarquía definitivamente, con los recuerdos aún frescos de la revolución francesa. Otro tema que se pone en cuestión es el de la herencia: un asunto que a comienzos del siglo XXI sigue generando polémicas. Definitivamente, “La última estación” es una interesante forma de analizar los mecanismos mediante los cuales un importante sector de la industria cinematográfica opera sobre la interpretación que podamos darle a ciertos acontecimientos del pasado y sus protagonistas. Nunca está de más recordar la máxima Orwelliana que explica que “quien controla el pasado, controla el futuro” (y) “quien controla el presente, controla el pasado”.

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Promesa de reglas estables a la minería

Y para los jubilados no hay plata


Promesa de reglas estables a la minería

Martín Kanenguiser, La Nación.
Domingo 27 de junio de 2010


En un encuentro organizado por el fundador de Barrick Gold en el marco de la cumbre del G-20, en Toronto, Cristina Kirchner se reunió con los principales empresarios canadienses del sector y les dijo que el Gobierno garantiza sus inversiones en la Argentina. "Lo único que hicieron fue felicitarme", repetía orgullosa “nuestra” presidente.

TORONTO. "Lo único que hicieron fue felicitarme." Repleta de orgullo y sin ninguna intención de referirse a cuestiones espinosas, la Presidenta comenzó de esa manera su relato sobre el almuerzo que mantuvo con 20 empresarios interesados en invertir en la Argentina en minería, alimentos y telecomunicaciones.
Atún, pollo relleno y lomo fueron las opciones para los ejecutivos convocados por el fundador de la minera Barrick Gold, Peter Munk, anfitrión del encuentro y convocante de sus colegas del Royal Bank of Canada (el más grande del país y que financió parte del proyecto Pascua Lama), el Grupo Cisneros (que también forma parte de la Barrick), Panamerican Silver, Oro Cobre, Lithium Americas y Loblaw, la mayor empleadora del país que compra y vende alimentos procesados.
El encuentro arrancó con una introducción de Munk, que en la Argentina maneja los proyectos mineros Veladero y, junto con Chile, Pascua Lama. Para congraciarse con su invitada, le exhibió artículos del Financial Times en torno del canje de la deuda para salir del default, que cerró con una adhesión del 66%.
De hecho, los ejecutivos también felicitaron al ministro Amado Boudou por la operación, aunque no se haya podido lograr la esperada vuelta al mercado voluntario. Barrick ha prometido una inversión cercana a los US$ 3500 millones y logró que se vetara la ley de protección a los glaciares, votada en forma unánime por el Congreso.
Luego, el presidente de Barrick Gold, Aaron Regent, comentó en un comunicado que "cuando existen condiciones estables, instituciones sólidas y una voluntad de llevar adelante proyectos que promuevan el desarrollo social y económico, estaremos siempre dispuestos a buscar nuevas oportunidades de inversión. Este ha sido el caso de Barrick en la Argentina."
Luego, Doug Mc Gregor, presidente del área de mercado de capitales del RBC, dijo a La Nacion que el canje "fue muy importante", aunque declinó comentar si podía abrirle el paso al regreso al mercado de deuda voluntario.
(…) La Presidenta dijo a La Nacion que el tema de la deuda en default con el Club de París al parecer no formó parte de las conversaciones del almuerzo desarrollado en el piso 38 del hotel donde se aloja. Y cuando se le preguntó cómo se avanzaría, dado el pedido de varios acreedores de que intervenga el FMI, respondió en términos futbolísticos: "Paso a paso".
Munk y los otros ejecutivos mineros se quedaron conformes porque la Presidenta les aseguró que "las reglas no cambiarán, y eso es muy importante para una inversión de largo plazo", según comentó Calloway después. Esto fue ratificado por los gobernadores presentes: Juan Manuel Urtubey, de Salta; José Luis Gioja, de San Juan; Gerardo Zamora, de Santiago del Estero; Luis Beder Herrera, de La Rioja, y Walter Barrionuevo, de Jujuy. Aunque Beder Herrera había anunciado que querían negociar un porcentaje mayor de regalías para las provincias, la palabra de la Presidenta y la promesa de más inversiones sepultaron el reclamo.
Hasta ahora, las provincias reciben un monto de regalías del 3%, que pretendían aumentar debido a las buenas perspectivas que tiene en el centro como en el norte del país. A esto se suma un porcentaje de retenciones 5% a los productos que exportan, ganancias e impuestos provinciales. El sector está bajo la mira de los sectores protectores del medio ambiente, tanto en la Argentina como en Canadá, sobre todo por el desarrollo de la minería a cielo abierto que incluye el trabajo con cianuro. La Presidenta intentó sellar cualquier duda: "Siempre nos dicen que Chile es el ejemplo de la región. Bueno, Chile tiene su gran fuente de ingreso en la minería y nosotros pretendemos ir en esa dirección".

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lunes, 28 de junio de 2010

Un diálogo en el tiempo

Observaciones
Por Claudio Puntel


Un poeta portugués del SXVI descubre a Saramago. Con permiso especial del almanaque, Camoes reflexionará sobre la condena del Vaticano al pensamiento de su compatriota.


¿qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?
José Saramago


Alguien sale de su casa dispuesto a algo, por ejemplo comprar determinado periódico, y se encuentra con que ese diario, el de siempre, no está en el quiosco. Un hecho menor, una nada. Fue lo que le pasó esa mañana a Luis de Camoes cuando se lo pidió a su diariero de todos los días.
- No, hoy no me lo trajeron, don Luis.
- ¿Llegará más tarde?

Puede ocurrir, una demora del furgón de reparto, un corte de electricidad cuando estaban imprimiendo, una huelga de los gráficos que ya pudo haberse solucionado.

- No sé, don Luis, pero hoy no lo tengo.
- Déme el que haya llegado, entonces.

Da igual El Tribuno, Debate, La mañana o Journal; no es el mismo de siempre, qué más da. Es papel, letras, tinta y fotos; páginas más o menos, un diario es un diario. Don Luis lo dobla y marcha con el pliego doblado bajo el brazo.
Ya en su casa, lo abre, se detiene en el nombre. L'Osservatore Romano, pronuncia. Lamenta no haber conseguido otro diario, algo escrito en portugués, castellano o gallego, lenguas más familiares; en fin, el italiano tampoco es una extrañeza, se dejará leer. Y así avanza página tras página, palabras del Papa, de un cardenal, noticias las de siempre y un artículo de Claudio Toscani. Ha muerto un compatriota, es lo primero que se entera en la nota de Toscani. Descubre más cosas en el artículo, el hombre en cuestión era ateo, materialista dialéctico, populista extremista, de ninguna admisión metafísica, libertario y otros primorosos calificativos. Camoes se inquieta, hombre de cien guerras ya aprendió a disciplinar los temblores. No es que esas palabras en sí mismas contengan una ofensa; por el contrario, sabemos que el hombre señalado por la voz de imprenta de la Santa Sede responderá “¡Presente!” con el pecho inflamado al ser convocado como materialista dialéctico, libertario, ateo…
Pero es que lo que Camoes lee no son palabras en sí mismas, que las palabras en sí mismas no se encuentran en ningún lado; quien intente tomarlas queda manoteando el vacío. Éstas son palabras dichas en X, por X, para X, contra X, en nombre de X, para significar X, a favor de X. Justamente, estas X, lo que ellas cargan de condena, es lo que inquieta a don Luis.
Siguió hojeando el periódico; que para eso había bajado los siete pisos del edificio, corrido al quiosco de la esquina y sacado dinero del bolsillo. Esperaba encontrar noticias, enterarse de la guerra, del hambre, de la crisis; nada de eso era observado por aquel que se decía Osservatore. En fin, lo único observable era aquel compatriota. José Saramago se llama, y en más de una página tuvo el buen gusto de citar a Camoes.
Don Luis, portugués del Siglo XVI, poeta nacional, cristiano y católico, hombre que supo alzar la espada en nombre de la cruz y la corona; poco puede entender sobre materialismo dialéctico; entre otros motivos, por no caer en anacronismos, que ya demasiada licencia es hacerle comprar un diario de esta época. Pero entre sus líneas, sin ser un hombre dialéctico, ha afirmado cosas como estas: “el mundo se compone de mudanza / tomando siempre nuevas calidades”; pensamiento que lo deja mucho más cerca de un comunista hormonal de estos años que de un clérigo de cualquier época, llámese Torquemada, Ratzinger, Williamson o Maulión.
De a poco fue enterándose de las luchas de este hombre bueno a favor de los campesinos desalojados del Alentejo o de cualquier parte del planeta; de los trabajadores del primero, segundo y tercer mundo; su participación en la Revolución de los Claveles. De sus denuncias contra la invasión a Irak o contra las represiones a las luchas populares. De las amenazas, persecuciones y censuras sufridas en su vida consecuente.
Es cierto, pocas cosas hay que un pobre poeta y guerrero del 1500 pueda comprender, aun siendo Camoes; pero hay cercanías que sólo la historia puede lograr. Como aquél obispo brasileño, pensó: “de ese dios del que tú eres ateo, yo también lo soy”.

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¿Para qué servía el ANSES?

¿Para qué servía el ANSES?

Por Martín Tactagi.


En el “Diario de la guerra del cerdo” Bioy Casares describe una sociedad violenta de los años cincuenta en la cual una pandilla de jóvenes se dedica a matar a viejos por inservibles. Fue una buena metáfora en su momento y lo es hoy. ¿Cuál es el lugar que ocupan nuestros viejos en la sociedad? Esto es lo que subyace en el debate que se originó en el congreso de la nación, en esta semana, a partir de un proyecto para la aplicación del 82 % móvil.


Ocurre que parte de la oposición se ha propuesto demostrarle a los Kirchner que a la izquierda de ellos no hay una pared. Este va a ser el principal desafío de la oposición progre en el segundo semestre del año, claro está, con los objetivos puestos en octubre del 2011. Así han comenzado a presionar con una serie de medidas tendientes a motorizar más fondos hacia la acción social, con lo cual el oficialismo recibe dos heridas. Por un lado la presión para desembolsar más fondos del Anses y, por el otro, su caballito de batalla, “la asignación por hijo”, pierde la relevancia social de un principio.

El responsable del proyecto es el senador socialista por Santa Fe, Rubén Giustiniani. El proyecto, a grandes rasgos, cuenta con dos ejes centrales: por un lado el fallo Badaro del 2007 de la corte suprema, en el cual se resuelve el pago con retroactivo para las jubilaciones que no se actualizaron en el período 2002-2006, y por el otro la aplicación del 82% móvil, tomando como parámetro el salario estatal o el que mida el INDEC, con lo cual la jubilación mínima tendría que estar hoy en $ 1380.00 en vez de los $ 895.00.

Néstor Kirchner fue el primero en criticar el proyecto, advirtiendo que el estado se quedaría sin fondos ya que el costo de “la propuesta demagógica de los dirigentes” rondaría los $145.000 millones, $5.000 millones menos que los fondos de sustentabilidad del ANSES. Por su parte, Aníbal Fernández desacreditó el proyecto de la oposición acusándolos de querer correr por izquierda al gobierno. Dante Gullo a su vez criticó a la oposición y reclamó más seriedad. En fin, fueron muchas las espadas que levantaron los mosqueteros K pero ninguno recogió el guante que dejó su compañero Diego Bosio, el director ejecutivo del ANSES. Al ser citado por los diputados, señaló los costos que tendría que erogar el organismo de aprobarse la ley: para el reajuste del fallo Badaro serían $12.000 millones y para el 82% móvil $22.406 más. Es decir, un total de $ 34.406 millones de pesos ¿Por qué Kirchner señaló un costo de $145.000 millones? El ANSES tiene pensado erogar este año, en pagos, $90.000 millones de pesos, cifra bastante inferior a la de Kirchner. ¿Estará mal aconsejado el ex presidente?

Veamos para que utilizó el gobierno el dinero del ANSES desde que lo volvió a manos del estado. Realizó préstamos para proyectos de producción por miles de millones (entre ellos General Motors), para la compra de bicicletas, para financiar papeles de la deuda, el déficit de Aerolíneas Argentinas, préstamos al poder ejecutivo nacional y para la asignación universal por hijos, entre otros.

Las jubilaciones privadas del menemismo, las AFJP, resultaron un gran negocio para los grupos financieros ya que contaban con inmensos fondos para sus operaciones. De ahí la excelente medida de retornar el ANSES a la salvaguarda del estado nacional. Pero lejos de proteger los fondos de los Argentinos jubilados y por jubilarse, el gobierno se ha convertido en una especie de nueva AFJP que utiliza los fondos para sus operaciones políticas. ¿Quién paga dichas operaciones? Los jubilados que esperan cobrar cada mes los $895 de jubilación mínima. ¿Estará mal asesorado el ex presidente?

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